2011-06-16 EL REGRESO. PUNTO FINAL.

Todo tiene su principio y su fin. Y este viaje también. Hoy se termina. Nuestro avión sale a las 13:55, hora local. Local de aquí, que ahora es allí.

Tras un hábil interrogatorio al tipo de la recepción del hotel, llegamos a la conclusión de que debemos salir sobre las 11:15 del hotelen un minibus contratado al propio hotel y que nos trasladará al aeropuerto internacional de Estambul llamado Atatürk, nombre del primer presidente de la república turca, por un precio de 35 €, o sea a 5 € por individuo, es decir la misma cantidad (el total) que unas horas más tarde nos cobrará un taxi de Loiu a Algorta.

Como nos quedan aún unas pocas horas de estancia en Estambul, decidimos dar una vueltecilla. Eso se consensúa rápidamente. ¿A dónde? Eso ya es otra cuestión. Nadie decide nada. Finalmente alguien propone ir al bazar de las especias (bazar egipcio), propuesta rápidamente vetada por razones.

Se decide ir en sentido contrario. Recorriendo el borde del mar. Bello paseo al borde del mar y de una autopista (casi), con vistas a la vía del tren.

Una vez recorridos varios kilómetros sin otro atractivo que el discurrir de los vehículos por un lado y las frías aguas del triple mar (o sea, el mar de Már – mar -a, ¿se entiende el juego de palabras?) alguien tiene la buena idea de preguntar si hay alguna salida que no sea lanzarse a atravesar el susodicho a nado para alcanzar alguna costa practicable.

Entre el español, el turco, el euskera y el inglés, parece ser que a una cierta distancia (entre 100 metros y unos 437 kilómetros según los diversos autores) hay salida hacia la zona del palacio Topkapi. Ante tal concreción, unos, los más sensatos (o los más cobardes, gallinas, capitanes de la sardina) deciden dar media vuelta y el resto (mucho más aguerridos e insensatos) deciden continuar hasta que su esfuerzo se ve recompensado con la aparición de un faro que señala la cercanía de un paso de peatones y el acceso a los terrenos conocidos de los alrededores de Topkapi.

Una vez alcanzado el palacio, desistimos de tomarlo porque el tiempo amenaza lluvia y en breve cumple su amenaza.

Guarecidos bajo una breve arcada esperamos la escampada, cosa que se produce en un tiempo que si bien no es breve, tampoco es largo.

Debemos dejar claro que mientras estos hechos acaecen, los cobardicas que ya han llegado, a pie enjuto, al hotel, no tienen la más mínima delicadeza ni consideración y evitan coger un paraguas e ir en busca de los náufragos, cosa que les hubiera redimido de todas sus maldades.

Pero nada. Perdieron su oportunidad.

Finalmente, taxi, aeropuerto y avión.

Aterrizaje en Frankfurt.

Nuevas disidencias y unos van hasta la zona vieja de Frankfurt (una vez más la lluvia les acompaña), donde degustan una cervecita y una salchicha (no confundir, la cervecita es una para cada uno, pero la salchicha es una para todos).

Y claro, con este régimen, asín nos hemos quedado.


(Y la imagen está trucada, anchada, para que se nos pueda ver).

Regreso al aeropuerto para ver cómo el avión sale con un ciero retraso para llegar en fecha (por un par de minutos) a Loiu.

Y aquí se acaba la historia de este viaje.

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