2012-04-12 ALGARVE

Como ya es tradición, paseo matinal, por la mañana, por Praia da Rocha, a partir de las 7:30 a.m.

Ducha, desayuno, paseo, pérdida de tiempo, sol, calor, viento, fresco, y visita a Diane, la

 señora (que finalmente no era portuguesa como aseveraban los expertos en lenguas, aunque tampoco inglesa como pensábamos los ignorantes, sino canadiense) que vende las excursiones marítimas y fluviales para concertar una excursión marítima por la costa hacia el este de Portimao para ver las cuevas que el mar ha formado en el rocoso-arenisco litoral.

La excursión comienza a las 12:00 y es realmente interesante y de no perderse ya

que muestra una costa absolutamente espectacular con los acantilados y cortados casi a pico, junto con unas erosiones de lo más variopintas que dan lugar a zonas con cavidades espectaculares en forma de cuevas, amén de los numerosísimos y caprichosos buracos (agujeros) que jalonan todo el acantilado y las extrañas formas de las rocas que se han ido separando del mismo.

En definitiva, un espectáculo que no debiera perderse nadie que visite esta zona.

El retorno es sobre las 14:00, de forma que inmediatamente nos pasamos al clásico trámite de la comida, en un restaurante de Portimao con resultado no satisfactorio en general.

Tras la comida, visita al apartamento para las labores pertinentes y salida hacia Albufeira para contemplar sus callejas adoquinadas y abovedadas con arcos de herradura y linternas

 que no encontramos, aunque sí algunas tiendas en las que pasar (ciertas componentes de expedición) un agradable rato de solaz y compras mientras el resto de la expedición se dedica a la más absoluta de las nadas sin haber acertado la bonoloto.

De aquí a Carvoeira, pueblito aunque turístico más natural que otros de la zona con su playita y su mirador hacia el mar, desde la costa esta mañana vista desde el mar que ahora vemos desde la costa.

Breve recorrido por sendero entre rocas y vorágine marina por el encuentro de las olas con los entrantes de la costa (esto se llama Algar Seco) y vuelta la pueblo a tomar una cerveza mientras contemplamos el anochecer que no podemos contemplar porque para ello habría que subir al mirador que se encuentra a no menos de 50 m de distancia.

Decisión de cenar en el apartamento. Compras improvisadas por parte de Mari Luz y regreso para organizar cena, magnífica por cierto, en el propio terreno.

Menú compuesto por: ensalada de tomate, huevos fritos (plural mayestático porque sólo hay uno para cada uno), jamón de sobre, fresas, queso Camembert y diversos vinos (por cierto se degusta un riquísimo y afrutado vino blanco, similar a un albariño, cuyo precio ha sido de 3,95 € la botella, llamado Monte Velho) y licores que se complementan con una degustación de chocolates de alto contenido en cacao.

Finalmente se decide plan para el día siguiente y cada mochuelo a su olivo.

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