2012-04-13 ALGARVE

Tras el ya tradicional paseo playero-matutino, esta vez por Praia Tres Castelhos y el no menos tradicional desayuno a la intemperie, o sea, en la terraza, salimos de estampida hacia Alvor.

El conductor, sabiamente dirigido por su copiloto (gps, llamado Fefa, o mejor dicho, La Fefa) nos introduce por senderos inexplorados por el ser humano hasta alcanzar el punto de no retorno que podía interpretarse como el Finisterre o fin del mundo conocido.

La maniobra de girar los 180º típicos para volver de un sitio desde el que no hay salida, se realiza entre la admiración, los gritos, los consejos y finalmente los aplausos de la multitud congregada para el evento y compuesta por los cuatro expedicionarios, un señor que pasaba por allí y que colabora eficazmente en la exitosa resolución del casi irresoluble problema y su nietillo que, aunque discreto él, no dice ni pío, se ve que la goza de lo lindo.

Resumiendo, tras dejar medio coche, desgastar el equivalente a 250.000 km las ruedas delanteras y arrumbar la valla que cierra los dominios de algún luso terrateniente, el coche queda en posición de volver por donde ha venido.

Para celebrar el éxito de la maniobra, hacemos un breve pero sustancioso paseo por el borde del acantilado, donde se encuentra, entre otras cosas más o menos similares a las ya conocidas, aunque no por ello menos espectaculares, unos buracos o agujeros en el suelo, de un diámetro considerable (20 ó 30 m)

y que llegan hasta el fondo, cosa normal en cualquier agujero, pero con la peculiaridad de que en este caso el fondo no es sino una playita donde azota el mar cuando corresponde.

Salimos de allí dando gracias al cielo por haber podido salir de aquel embrollo y nos dirigimos a Lagos por el “camino más corto” según “la Fefa” lo que da a lugar a una situación que promete ser muy similar a la que acabamos de padecer, de forma que se le manda a hacer puñetas y se va por el camino normal.

En Lagos tratamos de resolver el problema del peaje de las autopistas, cosa que no conseguimos. Tratamos de pagar una cierta cantidad y tampoco nos es posible para desesperación nuestra y del funcionario de correos que hace lo posible y lo imposible para podernos cobrar.

Visitamos la fortaleza, en el agua (una chapucilla) y comemos en el propio pueblo.

El señor del restaurante, aficionado a los fados según parece, era como un fado él mismo. O sea, la alegría de la huerta.

Finalizada la comida y rescatada la guía Michelin de los Cachos nos dirigimos a Praia Figueira, que según ciertas informaciones, además de parecer una playa del fin del mundo (hay que dejar el coche a unos 500 m), se recorre uno de los valles más bellos de la región, lleno de enormes grutas.

El valle no está mal y las enormes grutas brillan por su total ausencia.

La playa, pequeñita y bonita.

Vuelta la coche y a un mirador sobre el Atlántico. El día está precioso y el mirador es espectacular.

De aquí a Punta D’Aspa, similar al anterior.

 Y vuelta a casa.

Cena en Vinho y Comida, debajo de casa, chateo con Eva y a dormir que mañana tenemos viaje.

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Una respuesta a 2012-04-13 ALGARVE

  1. Eva dijo:

    No ves? con fotos mucho más chulo…aunque solo una…a ver la proxima… 😉

    Me gusta

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