2012-08-16 PLAYA DE LAS CATEDRALES

Para visitar la Playa de las Catedrales es importante conocer las mareas y aprovechar la bajamar, ya que si no las posibilidades quedan enormemente mermadas. En esta fecha la bajamar era sobre las 10:30 de la mañana. Pero lo que nadie dice, tras mirar en muchas páginas web, foros, etc, es cuánto tiempo hay por delante y por detrás de la hora de la bajamar. Preguntado el fulano del hotel (A. G. PORCILLÁN a evitar en lo posible por razones que luego diré), nos indica que no más de 20 minutos en total.

De acuerdo con eso tomamos precauciones y decidimos salir del hotel a las 9:15 para poder estar en la playa a las 9:30 y colocados como los corredores de los 100 m lisos, salir zumbando en cuanto fueran las 10:20 y se pudiera acceder a la playa.

Vistas desde la ventana de la habitación del A. G. Porcillán

Tras desayunar en un bar de la zona alta del pueblo (unos, que otros desayunaron, se supone, en el cutre restaurante de al lado del hotel) a base de zumo fresco de naranja, pan (de barra cortado estilo bocadillo y muy abundante) tostado con aceite, lo que le da un cierto saborcillo a churro, mantequilla, mermelada bizcocho casero y café con leche (no barato, unos 6,50 €) recogemos los bártulos porque el señor del hotel dice que a las 12:00 en punto hay que dejar las habitaciones libres porque ya tiene formada la cola de los nuevos clientes (?) y nos ponemos en camino. Indicar que el hotel no abre hasta las 9:30 de forma que se debe pagar el día anterior y desayunar donde mejor te venga si quieres hacer una vida más o menos normal. Y cierra a las 11:00. Bien es verdad que te deja una llave para la puerta falsa para que no dependas totalmente de semejante horario.

Durante el desayuno hemos visto en la prensa local que hay fuertes quejas por la poca capacidad de los aparcamientos de la Playa de las Catedrales y el enorme número de multas que se ponen a los aparcados fuera de lugar.

Con todo eso vamos casi pensando que lo de ver la playa es poco menos que un milagro.

Una vez puestas las coordenadas en la llamada “Fefa” (gps propiedad del Cachito sin el cual no se va ni a echar una meada a la fachada de enfrente) salimos zumbados hacia nuestro destino.

Llegamos al aparcamiento que está bastante lleno, pero sin problemas y comprobamos rápidamente que a pesar de faltar todavía una hora para la bajamar la playa es ya perfectamente accesible (y lo habrá sido desde hace un buen rato a la vista de dónde se encuentra el agua).

Bajamos a la playa y seguimos a la mayoría que se dirigen hacia el lado derecho de la misma ya que no hay indicación alguna de cuál es la zona más interesante, aunque se ve que la gente ya se lo sabe y como comprobaremos durante nuestra visita, hay tiempo de sobra para recorrerla de extremo a extremo varias veces, entrando en todas y cada una de las cuevas, charcos y recovecos, tomarse una caña (no hay chiringuito a la vista), darse un par de baños y volver a recorrerla. Y a eso nos dedicamos.


La playa es realmente muy bonita, y muy espectacular por las formaciones rocosas erosionadas, aunque no me ha parecido tanto como me había imaginado. Dicho de otra forma. En mi opinión no merece la pena un viaje hasta allí para ello. Otra cosa es combinarlo con otras cosas (una buena percebada, por ejemplo).

Aburridos de pasear la playa (el agua seguía en el mismo sitio) y de sacar fotos, nos dirigimos al coche para buscar una más tranquila donde darnos un baño, no sin antes no haber paseado el acantilado por encima de la de las Catedrales.

Ahora empiezan a sacar a la gente de la zona más extrema porque empieza a llegar el agua. Quizás en pleno invierno y con fuerte mar la cosa cambie y sea más problemática la visita.

La salida del parking es un poco complicada. Ahora sí está lleno de verdad y la gente que entra se entorpece con la que sale pero terminamos saliendo sin mayores problemas y nos dirigimos a la playa Esteiros que no nos parece adecuada y finalmente a la playa Illas (que significa “Islas” por unas rocas que hay en la zona) donde nos damos un (o varios) sabroso(s) baño(s),Tras un breve paseo para ver desde el acantilado la playa  de Os Castros

salimos hacia el pueblo de Rinlos donde tenemos reserva para la comida en el restaurante “A Cofradía” para las 15:30 (sólo hay dos turnos, 13:30 y 15:30) y la especialidad es el arroz caldoso de bogavante y cuando reservas tienes que decir cuántos arroces van a ser. Nosotros dijimos que tres porque a mí no me hace especialmente feliz el arroz caldoso y además me parece un destrozo utilizar un bogavante para hacer un arroz.

Total que lo de los turnos es en plan militar y a la hora en punto se toca la corneta y entran todos los del turno, les ponen los arroces y al de un rato preguntan qué quieres de postre. Así que comes arroz caldos o arroz caldoso. Menos mal que la ración de arroz es bien cumplida (según el número cambian los trozos de bogavante disecado que aparecen en la cazuela.

Como era un poco pronto, “tuvimos” que ir a tomar algo a otro bar donde nos obsequiaron con unos deliciosos percebiños a 18 eurillos la ración de 250 gr. Nos cepillamos tres racioncillas con unas cervecillas y/o unos blancos, además de algunas cosas para picar que ponen en la barra para que la gente se entretenga (gracia de la casa) y que Lola se encargó de arramplar para nuestra mesa dejando al resto del personal en ayunas totales

A la hora señalada, como ya he explicado, la comida. A 20 € la ración de arroz que con el vino ribeiro y algún postre (solo tartas varias) y algún café, salimos bastante bien, o sea, mejor que ayer, incluyendo los percebes.

Tras la comida, a ver la Isla Pancha donde se instaló un faro, allá por mediados del siglo XIX que se puso en marcha antes de terminar el puente de acceso, de forma que los fareros tenían que llegar por medio de una especie de tirolina y que fue fue sustituido por uno más moderno en 1981 pero manteniendo el antiguo.

Y de aquí a Oviedo donde tenemos habitación en el NH Principado, hotel magníficamente situado, muy próximo a la catedral, en pleno centro.

Paseo breve (hace mucho calor), cervecita y a picar a la calle Gascona donde le habían recomendado a Jose Manuel un bar llamado “El Ferroviario” donde había que tomar los espárragos rellenos de oricios, cosa que hicimos (nada excepcional), junto con unas parrochas (se discutió ampliamente si eran sardinas pequeñas o anchoas grandes o ninguna de las dos cosas) y lacón regado todo ello con la auténtica sidriña asturiana, que es muy graciosa por lo de el escanciado, pero que es más mala que otro poco.

Y con esto fin de la jornada. Que ya está bien.

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Una respuesta a 2012-08-16 PLAYA DE LAS CATEDRALES

  1. Eva dijo:

    Ya os vale de tanto comer…se me está haciendo la boca agua…. Todo muy bonito, apuntaremos los sitios para cuando vayamos para allá.

    Me gusta

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