2014-10-18 ASTURIAS

Último día de la excursión. desayuno flojo de toda flojera en la casa rural “El Rincón de Babia”

El día amanece parecido a como terminó ayer, o sea con temperatura agradable, ventoso, menos que ayer por la noche y medio nublado, también menos que ayer por la noche.

Tras despedirnos de la casa y sus dueños, y tras la consiguiente discusión sobre el camino a tomar y el plan del día, se decide el camino más corto y comida en Pedreña en el local conocido como “La Trainera”, altamente recomendado por uno de los muchos hermanos de un miembro de la expedición, cuyo nombre no voy a citar porque ha resultado un pequeño fiasco.

Por Piedrafita de Babia, a poco de salir tenemos que ir detrás de una carrera ciclista que, a juzgar por la velocidad, debía ser de artríticos profundos, de forma que nos permite una paradita para sacar alguna foto de los magníficos efectos lumínicos que el sol matutino, filtrado por las nubes, produce sobre los otoñales colores de la campiña leonesa.

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Poco después nos desviamos unos pocos kilómetros para ver la Laguna del Lago de Babia, que es una laguna situada próxima al pueblo de ese nombre.

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Desde aquí se pueden admirar las mismas vistas de antes (y más), pero desde un punto de vista más elevado y algo diferente.

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También alguna huella de animal salvaje habitante de esos parajes (¿lobo o perro muy grande?), así como la vegetación que corresponde al lugar y sus condiciones.

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Y ya sin más parada que un brevísima cerca de Unquera para desalojar y reponer fluidos hasta La Trainera por la autopista León – Oviedo y luego por la autovía Oviedo – Bilbao, ya prácticamente terminada (sólo faltan unos 3 km a la llegada a Unquera).

La comida a base de arroz con bogavante para algunos, previamente encargado y que resulta muy bueno y abundante, mientras que los que piden pescados se encuentran con unas sardinas requemadas y una dorada medio seca y el que pidió chuleta tampoco acertó, aunque en este caso se puede considerar que se trataba de un justo castigo a su perversidad por pedir semejante cosa en un restaurante a la orilla de la bahía santanderina, de gran belleza por otra parte.

Despedida y cada mochuelo a su olivo, como se suele decir.

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