2018-04-21 y 22 SALINAS DE PISUERGA

La ya tradicional excursión anual a Salinas de Pisuerga, esta vez pasando previamente por Saldaña, con visita a la Villa Romana de la Olmeda donde entre otras cosas se pueden admirar gran cantidad de mosaicos, especialmente uno, el único con figuras (el resto son básicamente motivos geométricos), que cubría el suelo de la sala principal de la villa y que por su tamaño, conservación y calidad es una auténtica pasada.

Tras la visita cultural, visita guiada con una bastante buena guía, breve recorrido por el pueblo para ver la iglesia y un par de bares. En la Iglesia, de San Miguel, destacan los sepulcros de tres personas pertenecientes a la familia Santander-Osorio y el retablo plateresco con esculturas del XVI. Luego, un pote, acompañado de un par de aceitunas, en la Plaza Vieja donde se celebró la primera corrida de toros de la que se tiene noticia, allá por 1128, parte de los festejos del bodorrio de Alfonso VII de Castilla con Doña Berenguela de Barcelona y otro, este acompañado de unos estupendos torreznos, en la Casa Torcida, bar cuya fachada muestra como base de la primera planta una viga bastante poco derecha y por la que toma nombre el local. De aquí a la comida, previamente organizada, en El Molino de Saldaña, a base de alubias blancas con almejas, y pollo, de los de verdad, con una especie de chilindrón, muy apetitoso, para rematar con unos flanes (dos, bastante descomunales para los 7 que éramos, de forma que hasta sobró medio), al parecer oficiados a base de huevos de los de verdad y leche de de vaca auténtica. Una delicia. Y todo ello regado con un rico Arzuaga de Ribera de Duero.

Finalizada la comida, coche hasta Salinas donde, tras tomar posesión de las correspondientes habitaciones en el Hotel el Molino de Salinas, paseo por la orilla del Pisuerga, de 2,652 km aguas arriba y otro tanto (aproximadamente) de regreso.

Se ve que la comida ha sido francamente contundente pues, tras el paseo que debiera haber servido para ponernos en perfectas condiciones, mientras vemos el primer tiempo del Sevilla – Barça en casa del anfitrión, no somos capaces de tomar más allá de un par de vasos de agua, una aceituna y media y dos almendras. Bien es cierto que algunos, haciendo un sobrehumano esfuerzo y más que nada por hacer honor a las grandes cantidades de bebidas y picoteables que el anfitrión había acopiado, consiguen, entre todos beberse una cierta cantidad, nada despreciable, de tintorro.

Tras el 0 – 3 del primer tiempo y mientras se dilucida si al final será un 0 – 5 ó un 0 – 6, o quizás algo aún más abultado, nos dirigimos al Escaramujo, donde hay prevista una cena a base varios platillos, correspondientes a las jornadas gastronómicas que estos días se celebran en la comarca y que a pesar de su excelencia, quedan en parte importante casi inéditos. ¿Qué nos habrán dado en el Molino de Saldaña?

Regreso en reconfortante paseo hasta el hotel y a dormir que ya es hora.

Y tras un merecido descanso, el personal va apareciendo de forma escalonada y en su gran mayoría nada que se pueda llamar madrugar.

Soy el primero en aparecer y mientras desayuno en solitario, aparece Josu que me indica que se va a andar un rato con Diego antes de desayunar. Yo también me doy un paseo hasta la ermita de Santa María de Quintanahernado.

Cumplimentado los trámites pecuniarios en el hotel y recogidos los bártulos, esperamos la llegada de Ana y Ricardo, unos en misa de 11, otro recogiendo los vasos de ayer, otro (yo) controlando la labor y el resto, de nuevo a andar. Parece que le han cogido cariño a lo de andar por andar.

Llegada puntual de los esperados, y a partir de aquí, lo clásico: parada de avituallamiento en el santuario de Nuestra Señora del Carmen en Barruelo de Santullán (conocida como la iglesia de la panceta) a base de un bebedizo (mayoritariamente el típico blanco de Rueda) y una tapa de panceta sobre rodaja de hogaza tostadita, que salvo que seas un absoluto desaprensivo, no puedes dejar de tomar. Esta vez, por razones de mantenimiento, este que lo es se retira hacia sus lares, mientras el resto se dirigen en alegre biribilketa a Brañosera donde degustarán un magnífico cabrito y atenderán a las tonterías de siempre del dueño de El Cholo, con especial atención a los gruños de los estupendos garbanzos con almejas, Y gruños, claro.

Y hasta la próxima, con el consabido agradecimiento a los desvelos y buen hacer del organizador José Antonio. Que se repita.

P. D. En esta ocasión hemos sufrido la ausencia de Fernando, maestro gin-toniquero, aunque en esta ocasión no por esta su principal habilidad. ¡Cómo habríamos quedado tras lo de Saldaña, que ni mención de, en cualquier otra ocasión, tan preciado brebaje!

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2 respuestas a 2018-04-21 y 22 SALINAS DE PISUERGA

  1. mariluz dijo:

    Cómo vas a mantener el tipo con esa vida? Brañosera creo que es el municipio más antiguo de España.

    Enviado desde mi iPad

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  2. JESUS M. dijo:

    Pozí. A ambas.

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