2018-08-17 MADRID

Último día en la capital. Sigue el buen tiempo. Ni gota de frío, aunque las mañanas son bastante agradables.

Mis pasos siguen la senda bien marcada por la costumbre, Paseo del Prado dirección Atocha.

(Y sin la otra mitad, más o menos, también)

Para llegar a CaixaForum.

Dos exposiciones principales, una sobre los trabajos de Disney, “El arte de contar historias” y otra sobre la música en la antigüedad, titulada (muy original) “Músicas en la antigüedad”

Estas son las escaleras que me he subido a puro pinrrel y sin ayuda más que de la barandilla.

La de Disney está estupendamente presentada y dividida en varias secciones, los mitos, las fábulas, las leyendas, los cuentos norteamericanos y los cuentos de hadas. En cada una de las secciones se exponen numerosos dibujos de algunas de las películas que traban estos temas. Dibujos originales, desde los bocetos, estudios de los personajes, dibujos de los fondos, dibujos para la sección artística, dibujos finales, etc, además de proyectarse varios cortos y fragmentos de algunas de las películas que tratan estos mismos temas. Realmente, cada uno de ellos es en sí una obra de arte. Muy entretenida. Además coincido con un grupo de críos de unos 4 años que siguen la exposición con un monitor. Las respuestas que dan a las preguntas que hace el monitor, en algunos casos son totalmente surrealistas. A pesar de lo molesto que resulta, diversión extra. Lástima que no se pueden sacar fotos.

La otra (aquí otro grupo de criaturas que sí que dan la vara, a grito pelado, ellas y la monitora…), presenta la música en la antigüedad, como su título indica, en las diversas ocasiones en las que hace acto de presencia, con objetos procedentes del Louvre, del Arqueológico Nacional de Atenas y de otro numeroso grupo de instituciones.. Abundante material egipcio y griego, pero también de otras muchas procedencias.

Como por ejemplo este mosaico de pavimento iraní. Como siempre, uno se queda un tanto sobrecogido cuando contempla objetos con una antigüedad de más de 5000 años, como la estela del rey Intef II arriba reproducida.

Tras sacudirme la emoción, me dirijo al Reina Sofía donde hay una exposición de fotografía de un tal Marc Pataut, “Primeras tentativas”, que el otro día me salté.

Se trata de un fotógrafo que desde los años 90 se ha dedicado a aplicar la fotografía a cuestiones sociales. Reproduzco unas breves palabras del folleto de la exposición. “El fotógrafo ya no es solo el mediador social entre los desfavorecidos y la esfera pública, su trabajo surge de la convivencia con los colectivos representados y se prolonga mediante la acción de dar o compartir la cámara“. Muy interesante por ser algo totalmente diferente a lo habitual.

Y ya que estamos, me doy una vuelta por una exposición de Eusebio Sempere, un tipo que tocó muchos palos y del que se presenta una exposición que parece casi exhaustiva. Es impresionante el montaje que se hace para una exposición que durará 4 meses. Y no me refiero solo a la Sempere, sino a todas las exposiciones temporales que se montan en museos importantes y estoy pensando en la de Vasconcelos en el Guggen o en las diversas exposiciones temporales del Reina Sofía. Impresionante el esfuerzo que debe significar montar algo así. Y tan efímero, aunque luego viajen a otros museos. Y se nota que los que trabajan en estos sitios sí aprobaron por sus propios méritos la asignatura de “Museología y Museografía”. No como otros que ya he citado en alguna entrada anterior que además de no saber para qué sirven las cartelas, por la posición y tamaño que utilizan, tienen la costumbre de poner las vitrinas con libros, revistas, etc, con la iluminación colocada de tal forma que al ponerte encima para verlas o leerlas o porque te da la gana, tu hermosa cabezota interfiere con los rayos lumínicos y una preciosa (si tu cabezota lo es) sombra se proyecta exactamente en el sitio que pretendías ver o leer. Si hasta yo sé que la posición y tamaño de las cartelas y sus textos y la iluminación de las diferentes presentaciones, son el ABC de una exposición.

Tras haber cultivado el espíritu durante tres días desaforadamente, cojo el invernadero que sube y baja en los exteriores del museo, para llegar a la planta baja. ¿A nadie se le ocurrió pensar en el calor que hace en Madrid en verano a la hora de diseñar unos preciosos ascensores panorámicos sin una maldita ventilación? Y no digo ya un pequeño sistema de aire acondicionado…

Breve descanso en el patio del museo al frescor de una agradable sombra y cerca del refrescante chorrito.

Y a recoger el equipaje y para casa.

Taxi hasta la estación de autobuses, comentarios sobre conflicto taxis – VTC’s, cierto atasco a la salida de Madrid y llegada sin novedad a Bilbao donde, la gentil Jelen me recoge y me trae a casa.

Y una vez más me reafirmo en mi teoría sobre los responsables de lo de la movilidad y eso. ¿Sabíais que en la terminal provisional de autobuses no hay un solo espacio donde se pueda parar unos minutos a recoger o dejar pasajeros? Según los munipas que estaban aligerando a los que hacían uso del espacio destinado a los autobuses que no tienen derecho a usar las dársenas (?), que supongo son los de Bilbobus, si quieres coger o dejar a alguien, tienes que ir al parking subterráneo del edificio de Hacienda. Cosas veredes.

Y ya vale.

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Una respuesta a 2018-08-17 MADRID

  1. fisgar dijo:

    Muy bien aprovechado el tiempo! A mí me agotas sólo de leerlo ‘:D

    Me gusta

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